Saltar al contenido

Depredación sobre ammonites

Depredación sobre ammonites. Un ejemplo del Albiense superior.

La depredación que pudieron sufrir los ammonites es un tema sobre el que hasta hace poco tiempo no teníamos demasiada información.

Como se comenta en la página de inicio de este Blog, los cefalópodos ocupan una posición intermedia en las cadenas tróficas de los mares actuales y muy probablemente esto ha venido siendo así desde su aparición. Por ejemplo se ha observado que grandes mamíferos y tortugas marinas no dudan en atacar al nautilus actual cuando se produce un fatal encuentro y de nada sirve su concha que es triturada sin oposición posible. El nautilus se protege llevando una vida a grandes profundidades principalmente, y desarrollando su actividad vital durante la noche.

Depredación sobre ammonites. Macroconcha de Fauriella boissieri que muestra un gran orificio en la parte opuesta a la abertura

En el caso de los ammonites, no es fácil discernir las causas de las roturas de las conchas, es decir, saber si se produjeron por un acto de depredación o por el arrastre que sufrieron cuando estaban vacías antes de quedar enterradas. Solo en el caso de que las roturas sigan patrones repetitivos podemos sospechar que nos encontramos ante un ataque. Veamos un ejemplo:

Foto 1. Ejemplar macroconcha de Fauriella boissieri que muestra un gran orificio en su concha, en la parte opuesta a la abertura. Este tipo de roturas en las conchas de ammonites se repite en numerosas especies.

En 2010 un equipo de paleontólogos británicos publicaron un trabajo resumen de la observación de un gran número de ammonites de comienzos del Jurásico de la zona de Dorset en Gran Bretaña. Las conchas muestran un patrón de rotura que es repetitivo y consiste en un orificio de forma irregular que siempre está situado en la parte opuesta a la abertura de la concha. La rotura se extiende por los flancos y solo afecta a la última vuelta.

Ensayos

Para comprobar si estas roturas podían producirse durante el arrastre de la concha antes de quedar enterrada, los investigadores experimentaron con conchas de Nautilus y simularon los procesos de oleaje, el arrastre por corrientes de fondo, o el fenómeno de compactación de los sedimentos. Las conchas sufrían roturas, sí, pero que no se parecían a las observadas en los ammonites fósiles. La conclusión fue que estos fenómenos no habían producido esas roturas.

Análisis de la rotura

Cuando analizaron la rotura en los fósiles se percataron que en la mayoría de los casos, estaba situada por delante del último tabique, es decir, afectaba a la parte profunda de la cámara habitación. Es una posición muy localizada que difícilmente podría producirse por azar.

Además, los fragmentos rotos de la concha nunca aparecen fosilizados en las inmediaciones del ammonite, por lo que llegaron a la conclusión de que la rotura es el resultado de un acto de depredación.

¿Quién podía producir estos daños?

Había dos tipos de candidatos: animales carroñeros o depredadores. El hecho de que la abertura de la concha del ammonite estuviese intacta y que los fragmentos rotos no aparecían por los alrededores descartaba a los primeros.

Al parecer, el atacante perforaba la concha del ammonite en la parte profunda de la cámara habitación que es donde se sitúan los músculos que sujetan el cuerpo a la concha. El ataque seccionaría tales músculos y permitiría extraer el cuerpo de la víctima con facilidad. Pero semejante acción implica un comportamiento complejo del atacante y requeriría mucha precisión.

El candidato más cualificado

Depredación sobre ammonites. Recreación de un ataque.Nuevamente son las roturas las que nos dan una pista. Las perforaciones son tan precisas que se piensa que la víctima era inmovilizada y manipulada para colocarla en la posición adecuada, y estas habilidades solo están al alcance de pocas criaturas. Los candidatos que cumplen estos requisitos son los cefalópodos más evolucionados como pulpos, sepias y calamares. Son depredadores inteligentes provistos de gran habilidad a la hora de manipular objetos. La única duda que se plantea es si los picos mandibulares no mineralizados que poseen serían capaces de romper la concha de un ammonite. Todo parece indicar que sí.

 

Ilustración 1. Lámina realizada por nuestro compañero Luis Fernando Real Martín, que recrea las condiciones que se daban en los entornos donde aparecen las conchas de ammonites completas con una perforación en la parte opuesta a la abertura. Junto a estas se encuentran algunos braquiópodos (Pygope sp.), equinodermos (crinoides) y también han aparecido fragmentos de dientes de tiburón. Al parecer, algunos cefalópodos con mayor movilidad apresaban a los ammonites y les atacaban en el punto más vulnerable.

Epílogo

Cuando estábamos preparando el libro de ammonites que publicó nuestra Asociación tuvimos la fortuna de observar unos fósiles que recordaban poderosamente a los picos que poseen los cefalópodos actuales. Estos fósiles aparecieron en las Béticas orientales, en niveles del Valanginiense inferior (Zona de Pertransiens). En este instante del registro fósil, los fósiles de ammonites con una perforación en la parte opuesta a la abertura son abundantes. La pregunta surgió casi de inmediato:

¿Estábamos ante la mandíbula de un cefalópodo que devoraba ammonites?

No podemos saberlo con certeza, pero al menos nos informa de que posibles atacantes y sus presas compartían aquel hábitat.

 

Foto 2. Se muestra la mandíbula fósil de un cefalópodo junto al pico de un calamar actual. 

 

Foto 3. Un segundo fósil fotografiado esta vez junto al pico de una sepia actual. Puede verse que los picos fósiles son menos curvos y provistos de una punta más roma; esto es sin duda una especialización para el tipo de dieta que llevaba su portador. Del mismo modo se puede apreciar que el pico del calamar es más afilado que el de una sepia. Las sepias incluyen a algunos crustáceos en su dieta, que poseen un duro esqueleto externo.

 

Para finalizar os dejamos con este vídeo que fue elaborado para la presentación de nuestro libro sobre ammonites en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Se hace eco de los trabajos de varios paleontólogos a la hora de interpretar estas perforaciones de las conchas, y nuestro compañero Luis Fernando puso su creatividad a trabajar; este fue el resultado:

Anécdotas

Para asegurarnos de que nuestra interpretación de las roturas de los ammonites era correcta, nos pusimos en contacto con el departamento de Geología de la Universidad de Granada, quienes a su vez se pusieron en contacto con el Museo de Lyme Regis en Gran Bretaña, en cuya WEB aparecía publicado un artículo sobre este tema. Después de revisar nuestras fotografías, nos confirmaron que muy probablemente las roturas habían sido consecuencia de un acto de depredación. Nos pidieron permiso para publicarlas en su WEB, a lo que por supuesto, accedimos “la mar de contentos”. Las fotos se pueden ver aquí.

Bibliografía

  • Andrew C., Howe P., R. C. Paul C., Donovan S. 2010: Fatally bitten ammonites from the lower Lias Group (Lower Jurassic) of the Lyme Regis, Dorset. Proceedings of the Yorkshire Geological Society, Vol. 58, Part 2, pp. 81-94.

Enlaces interesantes

En la siguiente página hay algunos ejemplos muy interesantes ya que son de los ammonites más antiguos de los que tengo constancia que posean este tipo de marcas.

https://fosilesdejaen.jimdofree.com/introducci%C3%B3n/marcas-de-depredaci%C3%B3n-en-ammonites/