Observando un Olcostephanus nicklesi

O_nicklesi_desarticulado

En «Observando un Olcostephanus nicklesi» de nuevo os propongo que me acompañéis para analizar un fósil. En esta ocasión se trata de observar los restos de un ammonite que presenta algunas fracturas. ¿Qué nos cuenta esta concha?

En la entrada «El mundo Cretacico: el clima y la distribucion de los océanos» háblabamos de la configuración de los continentes de la Tierra durante el Cretácico inferior. La Península Ibérica ocupaba una posición relevante al estar situada en una encrucijada que conectaba los distintos océanos de la época.

Todo esto explica el tipo de sedimentos que se formaron y la diversidad de la fauna fósil que contienen.
Por fortuna para nosotros, algunos de esos sedimentos de la Cordillera Bética se formaron en unos ambientes profundos que eran muuuuy tranquilos, hasta el punto de que se pudieron registrar (= fosilizar) situaciones muy particulares que nos permiten conocer algunos hechos fascinantes. El fósil que os presento aquí es un muy buen ejemplo.

Análisis del fósil

Bien, ¿qué tenemos entre manos? Es un ammonites de talla pequeña (60mm de diámetro estimado) que está completo, pero está ligeramente desarticulado.
Se observa que presenta el peristoma (abertura de la concha) que consta de un labio muy grueso y ligeramente apuntado hacia el exterior.
También vemos claramente que la última parte de la concha está partida y ligeramente girada. La cámara de habitación se fracturó, pero quedó junto al resto de la concha.

Observando un Olcostephanus nicklesi: concha parcialmente desarticulada

Foto 1. Vista general del ammonites desarticulado. La abertura de la concha, que es la parte oscura en la parte inferior de la fotografía, está ligeramente montada sobre el resto de la cámara de habitación

¿Qué ammonites es?

Por la forma general de la concha, se trata de un Olcostephanus. Por la amplitud del ombligo y la forma y vigor de la ornamentación podemos deducir que se trata de un Olcostephanus nicklesi.
Esta especie tiene dimorfismo de tipo sexual, donde las macroconchas adultas llegan a los 90mm de diámetro y las microconchas pueden llegar a los 50mm.

Por el tamaño que tiene y su forma «globosa»  debe tratarse de una macroconcha que aún no ha desarrrollado los adornos típicos de los adultos, por lo que debe ser una forma juvenil.

El peristoma que posee es un peristoma temporal que, de haber continuado creciendo, habría quedado como una constricción intermedia en la concha, detalle este que es muy frecuente en esta especie.

En algunos ammonites, estos peristomas juveniles quedan muy bien conservados, como por ejemplo en los que se muestran en la entrada «Peristomas juveniles en ammonites«.

O. nicklesi. Detalle del peristoma

Foto 2. Fragmento de la cámara de habitación que se ha desprendido. Muestra la abertura que tenía la concha que estaba rematada con un labio grueso que se arqueaba hacia atrás. Se trata de una abertura temporal que presentaba esta macroconcha joven antes de quedar fosilizada.

¿Hay algo más detacable en este fósil?

¡Ya lo creo!

Después de preparar el lado que se observa en la foto 1 parecía que había algo más en la rotura que tiene, así que se preparó el lado opuesto en busca de indicios y sí, había algo más.

En la parte posterior se observa que tiene un orificio en la cámara habitación, pero solo afecta a la parte más profunda de esta. Por la forma y la posición que ocupa, es la marca típica que queda en las conchas de ammonites que han sufrido un tipo de depredación muy particular. Si tenéis curiosidad en conocer los detalles podéis verlo en la entrada «Depredación sobre ammonites«.

Lado opuesto de O. nicklesi mostrando su ornamentación recia

Foto 3. Parte de atrás donde se aprecia la rotura que presenta la concha en la parte más profunda de la cámara de habitación (parte superior de la foto).

¿Qué le pudo ocurrir?

A la luz de lo que se observa podemos suponer con bastante fiabilidad que los hechos sucedieron del siguiente modo:

Una macroconcha juvenil de O. nicklesi nadaba en la columna de agua cuando fue atacada por otro cefalópodo que la apresó. Mientras la mantenía en un abrazo mortal perforó la concha hasta llegar a los músculos internos que anclaban el cuerpo del ammonite a su concha. Seccionados estos, el atacante pudo extraer y devorar a su víctima.

Los pequeños fragmentos de la rotura se dispersaron conforme caían al fondo y nunca aparecen en este tipo de fósiles.
Dependiendo de la profundidad a la que ocurrió el ataque, la concha vacía pudo hundirse inmediatamente o flotar algún tiempo hasta que el agua penetró en las cámaras internas y acabó por irse al fondo.

No podemos saber con certeza en qué instante se partió la concha, si al tocar fondo la primera vez, o al ser arrastrada suavemente por los movimientos de las aguas del fondo o por la acción de algún animal carroñero que mordisqueaba los restos que quedaban, pero lo que sí podemos afirmar es que la concha se partió y que el movimiento de las corrientes del fondo eran muy suaves porque ambos fragmentos apenas se distanciaron y acabaron por fosilizar juntos.

Observando un Olcostephanus nicklesi: peristoma desplazado

Foto 4. En la parte superior se observa la perforación debida al ataque de un depredador (línea negra). La concha se partió por la línea azul en el fondo marino, la abertura se giró 180º y se desplazó hacia atrás (fragmento rojo).

El proceso de fosilización

La concha fue sepultada por una capa de finas partículas de carbonato y arcilla, que con el tiempo dio lugar a una caliza margosa. El alto contenido en carbonato cálcico permitió que el fósil sufriera poca deformación por el peso de los sedimentos, y que conservara bastante de su volumen original, lo que ha facilitado la preparación y su análisis.

Conclusión

La observación de este ammonite nos ha permitido conocer la causa de su muerte y hacernos una idea de las condiciones del entorno donde quedó depositada su concha vacía; era un ambiente muy tranquilo.

Para saber más

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